¿Cuál ha sido el mejor Batman de la historia? Repasamos las ocho mejores adaptaciones (y algunas de las peores)

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Desde su nacimiento en 1939, en el mítico número 27 de Detective Comics, la creación de Bob Kane y Bill Finger ha pasado por múltiples mutaciones en los comics. Del detective sombrío e influenciado por la novela de suspense pulp de la época a las despreocupadas bufonadas de los cincuenta; de la reciente reinterpretación post-Frank Miller a la panoplia de referencias pop de Grant Morrison.

Y esa multiplicidad de lecturas, que convierten al Hombre Murciélago casi en un lienzo en blanco en el que los artistas mantienen unas constantes mínimas (el traje, el origen y poco más), se traslada al cine y la televisión en sus numerosas encarnaciones.

De la verbena de colores de Joel Schumacher a la seriedad de Christopher Nolan, de la gozosa demencia sesentera de la serie de televisión a las numerosas y muy particulares adaptaciones animadas, pasando por la más reciente mutación: la disparatada película de Lego Batman, que aúna bajo un prisma paródico a todos los Batman que en el mundo han sido. Para celebrarlo, recuperamos a los mejores y los peores Batman de la gran y pequeña pantalla. Desplegad las alas.

1. Batman (1966-1968)

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Una serie aún hoy inclasificable y sorprendente. No importa cuántas veces lo hayas visto: el gag del Dúo Dinámico escalando por la pared del edificio, las peleas con onomatopeyas o la vibrante banda sonora -tema principal de Neal Hefti incluído, claro- mantienen intacta su frescura.

O incluso se ha multiplicado: comparada con la algo impostada seriedad (hablamos de un tipo que se viste de murciélago porque está traumatizado por la muerte de sus padres) de los Batman de los últimos tiempos, la serie de televisión creada por William Dozier y protagonizada por Adam West y Bud Ward es directamente subversiva. No hay que olvidar que este Batman bonachón, aventurero, firme, padrazo, ridículamente recto, es también un Batman canónico, como sabe cualquiera que haya leído los comics de los años cincuenta.

La serie de televisión de Batman no es una comedia voluntaria: es muy consciente de estar haciendo humor tontorrón y para todos los públicos, como se desprende de las secuencias de acción, los personajes secundarios, las galerías de villanos y las propias interpretaciones de los estupendos West y Ward.

Comparada con la algo impostada seriedad de los Batman de los últimos tiempos, la serie es directamente subversiva

Y muchos de sus grandes momentos están entre los mejores del personaje, como el merecidamente mítico gag de la película de 1966 que se rodó como prolongación de la serie, en el que Batman no sabe cómo deshacerse de una llamativa bomba de tebeo a punto de estallar porque se va encontrando sucesivamente con bandas de música, señoras con carros de bebé, grupos de monjas y unos adorables patitos.

Vista hoy, la secuencia funciona como jocosa burla de la estricta moralidad que siempre ha demostrado Batman, vengativo pero incapaz de ajusticiar a los villanos. El antídoto perfecto para las sobredosis de Batmans meditabundos y con la cabeza eternamente entre nubarrones.

2. Batman (1989) y Batman Vuelve (1992)

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Una dupla de películas tan esenciales o más que las dirigidas por Nolan para entender la concepción de Batman en la cultura pop actual. No olvidemos que son las producciones que dieron el pistoletazo de salida a la Batmanía. Y que también dieron carpetazo al Batman jocoso de los sesenta y al serio-pero-no-tanto de los setenta, centrando el foco en el revolucionario Batman: El regreso del Señor de la Noche que escribió y dibujó Frank Miller en 1986.

Las primera película es una producción algo agarrotada porque intenta complacer a demasiados frentes: es fiel a los tebeos (con guiños a varias épocas del personaje), pero también es una creación de Tim Burton. Está fascinada con la arrolladora personalidad del Joker de Jack Nicholson, pero hace concesiones al cine comercial de la época.

Introduce elementos que no quedan bien (aún) en pantalla, como el Batmóvil o, ehm, las secuencias de acción, pero a la vez estamos ante un Batman perfectamente reconocible. La elección de Michael Keaton es estupenda, capaz de componer un Bruce Wayne vulnerable y a la vez un justiciero imponente sin necesidad de caer en las ridiculeces de Christian Bale (no olvdemos que el ‘I’m Batman’ paradigmático es creación de Keaton).

Y aunque el film renquea a ratos y tiene severos problemas con su guion (convertir al Joker en el asesino de los padres de Wayne es uno de los peores enfoques que jamás ha recibido la mitología de Batman) el resultado es muy notable.

La elección de Michael Keaton es estupenda, capaz de componer un Bruce Wayne vulnerable y a la vez un justiciero imponente sin necesidad de caer en las ridiculeces de Christian Bale

Batman Vuelve, sin embargo, es ya una película cien por cien Burton. Y es curioso, porque contiene algunos de los elementos más reconocibles de la franquicia, con los impresionantes Catwoman y el Pingüíno en cabeza. Sin embargo, el diseño de producción y la atmósfera son cien por cien Tim Burton.

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Es una película a la que es fácil coger manía, porque como film de superhéroes es un desastre: el tormento de Bruce Wayne es artificioso, Gotham City -a diferencia de los estupendos escenarios de la primera entrega- no es amenazadora, sino simplemente espectacular y sobre todo, impuso para los restos la estructura de guion de dos villanos (uno más que otro) aliados contra un héroe, un cáncer estructural del que aún hoy a las películas de género les cuesta escapar.

Aún así, tiene ideas tan modernas como la del freak que sale de las alcantarillas para presentarse a las elecciones (y ganar), es superior en todo a los momentos más mediocres de la trilogía de Nolan, y visualmente sigue siendo una gozada retro, caprichosa y personal.

3. Batman Forever (1995)

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La película más equilibrada de la tetralogía original de Warner es más Batman que las de Burton sin dejar de ser una película con el sello de Schumacher, pero sin llegar tampoco a los extremos de demencia de Batman y Robin. Batman Forever -olvidemos el título, eso sí- es uno de los mejores ejemplos de una película de Batman que es a la vez ligera pero con una carga dramática interesante.

Val Kilmer no tiene un físico tan netamente Bruce Wayne como Michael Keaton o George Clooney, pero sabe dotar al personaje de una carga de profundidad que lo llevan más allá del mero psicópata enmascarado, posiblemente debido a que la intención original de Schumacher era adaptar el comic Batman: Año Uno, centrado en los primeros doce meses de vida de Batman.

Pero es que además, Batman Forever es una fiesta gracias a dos villanos perfectos: Tommy Lee Jones como Dos Caras (en un papel que podría haberle tocado a Clint Eastwood) y Jim Carrey como Riddler (en un villano para el que se consideró a Mark Hammill, que sin duda también lo habría clavado: recordemos su Trickster para la serie noventera -y muy influenciada por el Batman de Burton- de Flash y su excepcional trabajo de doblaje para el Joker animado).

"Batman Forever" es uno de los mejores ejemplos de una película de Batman que es a la vez ligera pero con una carga dramática interesante

Las secuencias de acción al fin tienen algo de chicha y todos los elementos indisociables al personaje (el traje, los gadgets) al fin son creíbles y no una mera convención con la mitología del héroe.

Y el colorido y la verbena marca de la casa, bueno… sin duda no serán muy del gusto de todos los batfans (y ciertamente será insufrible para los de nuevo cuño, los que identifiquen indisociablemente a Batman con la espesura de Christian Bale -que por cierto, hizo las pruebas para encarnar a Robin antes de que se quedara el papel Chris O’Donnell-), pero nada de eso impide que este sea un bat-divertimento impecable.

4. Batman y Robin (1997)

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A la cuarta película de la fase inicial del personaje a manos de Warner y segunda dirigida por Joel Schumacher se le puede acusar de muchas cosas, pero lo cierto es que en algo fue pionera indiscutible: en 1997, tiempos previos al advenimiento de las redes sociales y la masificación de Internet, y con ello, del odio digital capaz de hacer que los ejecutivos se revolvieran incómodos en sus asientos, consiguió movilizar a los fans en bloque para clamar en contra de ella.

Batman y Robin no gustó. Pero no gustó hasta extremos que reventaron el futuro de la franquicia en el cine y anularon la posibilidad de secuelas hasta la reformulación de Christopher Nolan, que en muchos sentidos puede entenderse como una operación calculada para demostrar que ese Batman era cualquier cosa excepto el Batman de Schumacher.

Es decir, el Batman de Nolan es el diámetro opuesto a trajes con pezones, planos del paquete de Batman, un combate sobre hielo, escenarios que parecen salidos de una sala de fiestas de serie B de Las Vegas… La reacción fue negativa hasta el punto que el pobre Schumacher lleva disculpándose desde entonces. Literalmente.

"Batman y Robin" no gustó hasta extremos que reventaron el futuro de la franquicia en el cine y anularon la posibilidad de secuelas hasta la reformulación de Christopher Nolan

¿Merece ese escarnio? No: es cierto que la película tiene un tono estridente y demencial que deja la serie de televisión de los sesenta al nivel de una tragedia shakesperiana, pero la película no es un error: es perfectamente consciente de que la Bat-VISA es un chiste y de que estamos ante un demencial tebeo de superhéroes pasado de rosca.

Incluso George Clooney pasa por ser uno de los Bruce Waynes más creíbles de la franquicia. Una pena que su espectacular fracaso en taquilla y el rechazo de una Internet aún en ciernes pero ya capaz de organizarse a través de foros y webs de fans diera carpetazo definitivo a un Batman perfectamente consciente de que es un tío disfrazado de murciélago, con toda la ridícula grandeza que eso comporta.

5. Batman: La Serie Animada (1992-1995)

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Para muchos fans, la adaptación definitiva de Batman. Gracias a su condición de producción animada se puede permitir cierta ligereza visual y prescindir de la continua justificación racional que toda adaptación en imagen real necesita, pero a la vez se toma a sí misma muy en serio: su principal influencia visual son las películas de Tim Burton y una especie de versión personalísima del art-deco adaptado a las peculiaridades de Gotham City.

El trabajo de doblaje también es espectacular: en la versión original, Kevin Conroy se revela como un Batman absolutamente perfecto, seco y a veces caricaturesco, pero si caer en los excesos guturales de Christian Bale. Y qué decir de Mark Hammill como el Joker: una interpretación también a la altura de Jack Nicholson y Heath Ledger.

Siempre manteniendo un tono apropiado para la audiencia infantil, la serie fue capaz de tratar temas adultos relacionados con Batman: la responsabilidad de ser un héroe, la culpa, la venganza y la locura. Entre sus logros más memorables, sin duda, está la creación de la incomparable Harley Quinn, hoy convertida en personaje popularísimo gracias a la película Suicide Squad, y que protagonizaría junto al Joker uno de los mejores comics de Batman de todos los tiempos, Amor Loco, que respetaba la estética y personajes de la serie animada.

La serie fue capaz de tratar temas adultos relacionados con Batman: la responsabilidad de ser un héroe, la culpa, la venganza y la locura

Este Batman de diseño estilizado aparecería en otras estupendas series de animación basadas en héroes DC, como Liga de la Justicia y Liga de la Justicia Ilimitada, y en una buena cantidad de películas. Entre ellas cabe destacar, sin duda, Batman: La máscara del fantasma, una absoluta maravilla que llegó a estrenarse en cines.

6. El Intrépido Batman (2008-2011)

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El reverso luminoso de La serie Animada es El Intrépido Batman (The Brave and the Bold en su versión original), la otra gran serie de animación del hombre murciélago. Donde en aquella todo eran claroscuros, expresionismo y detalles siniestros, aquí la producción opta por la diversión, chistes pulidísimos y un plantel de secundarios espectacular, ya que la gracia de la serie es que Batman siempre va acompañado de otro personaje DC.

Así que la serie, su tono ligero y para todos los públicos no solo es una fiesta para los batfans, sino también para los conocedores del universo DC, que se toparán aquí con secundarios tan queridos como Guy Gardner, Batmito o Plastic Man.

Estamos ante un oasis de acción, humor y aventura en un universo que a veces peca de tomarse demasiado en serio a sí mismo

Con unos diseños de personajes deliciosos (el del Joker, por ejemplo, remite a la primerísima versión del personaje en los comics, un término medio entre la icónica carta de la baraja de póker y el Conrad Veidt de la película El hombre que ríe, genuina inspiración original del personaje) y un acabado visual que rivaliza con la mismísima La serie animada, estamos ante un oasis de acción, humor y aventura en un universo que a veces peca de tomarse demasiado en serio a sí mismo.

Generó, a su vez, un estupendo videojuego para consolas de Nintendo que también funciona como contrapartida descerebrada de la seriota franquicia Arkham.

Aunque es la serie más destacada de animación de Batman después de La serie animada, El Intrépido Batman no es la única ni la última. Después de su cancelación llegó la muy efímera Beware the Batman, rodada en CGI y mostrando a un Batman de nuevo oscuro y siniestro, y también primerizo, antes de convertirse en el mejor detective del mundo.

7. El Caballero Oscuro (2008)

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Si no es el Batman más influyente de todos los tiempos (pese a remitir, una vez más, al de Frank Miller), poco le falta: la aproximación pseudo-realista, psicologista, seria y grave al superhéroe le dio una pátina de respetabilidad que complació a los fans, a veces algo necesitados de amor por parte de sus mayores (culturalmente hablando).

Poniendo el acento en la parte tecnológica y ninja del asunto, cosa que recogerían, ampliarían y mejorarían los videojuegos de la franquicia Arkham, Nolan se esfuerza en que todo en sus tres Batman resulte creíble: el coche-tanque (uno de los diseños más impecables de la trilogía), el traje-armadura, la estructura de caída en desgracia y resurgir de las cenizas.

Nolan le dio a Batman hechuras de blockbuster y aunque quizás cargó demasiado las tintas psicologistas de tres al cuarto, su influencia es incalculable. Nolan, además, tiende al subrayado continuo, cosa que en un personaje escasamente sutil como Batman, a veces sienta mejor y a veces peor.

La mejor película de la trilogía de Nolan protagonizada por Batman es la segunda: puede prescindir de la morosidad narrativa relacionada con el origen del personaje y que lastraba algo Batman Begins y presentar a un enemigo a su altura, el impecable Joker de Heath Ledger.

Nolan le dio a Batman hechuras de blockbuster y aunque quizás cargó demasiado las tintas psicologistas de tres al cuarto, su influencia es incalculable

No es exactamente la obra maestra que gustaría a muchos, pero sí una película que retrata con efectividad cómo a una mente cuadriculada (para bien o para mal) como la de Batman le sienta bien enfrentarse a la pura imprevisibilidad psicótica del Joker. La piedra de toque para la actual respetabilidad que goza el género gracias al Oscar de Ledger.

8. Batman de Lego

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Y para demostrar que no todo en el batpanorama actual tienen que ser nubarrones de drama y gestos fruncidos, el Batman de Lego recupera lo mejor de la despreocupada diversión pop del Batman de los sesenta y lo adereza con algo de la frivolidad del de Schumacher y elementos de distintas encarnaciones animadas del personaje (del ya muy canónico de Paul Dini, creador de La serie animada, a los cameos en la gigantesca Teen Titans Go!).

El Batman de Lego nació en 2006 como un set de construcción de la compañía, pero obtuvo su definitiva consagración con el videojuego de 2007 Lego Batman: El videojuego, al que siguieron un par de secuelas directas, más los juegos basados en la Lego Película y el de la franquicia Lego Dimensions. Toda una panoplia de entretenimientos digitales que sientan las bases de un código de reinterpretación de la mitología de Batman en la que, esencialmente, todo es canon. Todo.

En los juegos de Lego de Batman no hay drama y sí mucho sentido del humor absurdo, como figuras desmontables que son conscientes de que lo son, y por ello pueden permitirse aceptar en su universo todos los Batmans que han existido en los comics y en las películas. El Batman de Lego es la suma máxima de todo ello: puede usar cualquiera de los trajes, de los vehículos, de los escenarios, de las bat-armas.

El Batman de Lego recupera lo mejor de la despreocupada diversión pop del Batman de los sesenta y lo adereza con algo de la frivolidad del de Schumacher y elementos de distintas encarnaciones animadas del personaje

Es un sueño hecho realidad para los fans desprejuiciados de un personaje con décadas de historia y que por elementales razones lógicas no puede cargar en su espalda con un pasado tan nutrido (salvo que lo guionice Grant Morrison, pero esa es otra cuestión).

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Estos videojuegos fueron acompañados de películas de animación menores y esencialmente publicitarias de los sets de Lego, pero su definitiva consagración como personaje con vida propia llegó con su papel secundario pero memorabilísimo en La Legopelícula.

El éxito de ésta le ha hecho merecedor de su propia película como protagonista, y los elementos que hicieron grandes a los juegos se replican: este Batman vive en un universo donde todos los elementos previos, del coche de Tim Burton al tanque de Frank Miller, pasando por el bat-repelente antitiburones de la serie de los sesenta tienen sentido. Tienen sentido como homenaje a un icono: por eso, cánones aparte, la película del Batman de Lego está llamada, por una vez, a poner de acuerdo a todos los fans. Solo puede ser así con una celebración de toda la historia del hombre-murciélago.

...Y unos cuantos malos: Batman (1943)

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Batman protagonizó un serial de 15 capítulos en 1943 que tuvo a Lewis Wilson en el papel de Batman y a Douglas Croft en el de Robin. Suele ponerse como ejemplo de lo complicado que es que los disfraces de superhéroes, tan vistosos en los tebeos, queden bien en la pantalla.

Por entonces Batman solo tenía cuatro años de vida y sus características no estaban tan definidas como en la actualidad: por eso aquí Batman está al servicio del gobierno como un justiciero encapuchado que se limita a abofetear espías y a enfrentarse a la amenaza amarilla (personificada no como el típico villano grotesco batmaniano, sino como el terrible contrabandista Tito Daka). Fuera, pues, las tramas detectivescas que en los comics tenían un carácter más propio de novela pulp de suspense.

Y aún así, el serial tiene su valor. Para empezar, asentó un par de códigos imprescindibles dentro de la mitología batmaniana. Por una parte, la entrada secreta en la batcueva a través del reloj del abuelo en la mansión Wayne. Por otra, el aspecto de Alfred, el mayordomo de Bruce Wayne, como un estirado lacayo con bigotito: hasta entonces, en los comics había sido un sirviente con sobrepeso.

Esta serie puede ponerse como ejemplo de lo complicado que es que los disfraces de superhéroes, tan vistosos en los tebeos, queden bien en la pantalla.

El éxito del serial, además, propició una secuela, Batman and Robin, en 1949. Ambos seriales fueron remontados y reestrenados en cine como An Evening with Batman and Robin en 1965, y su extraordinaria aceptación dio vía libre a una versión del Hombre Murciélago muy superior, pero sin duda influída por el serial: el Batman televisivo de Adam West de 1966.

El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace

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Así son los Batman de Christopher Nolan: se cuelan entre lo mejor y lo peor de Batman de todos los tiempos. Y si fue el Joker de Heath Ledger y el cierto equilibrio entre elementos dramáticos y propios de tebeo los que hicieron que El Caballero Oscuro destacara como una adaptación, si no impecable, al menos sí bastante consistente, son aspectos muy similares los que convierten a El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace, cierre de la trilogía, en un desastrito.

Las costumbres de los peores blockbusters actuales, con la desestructuración del guion de las películas en set-pieces apenas conectadas entre sí, como un film de sketches, no le sienta nada bien a esta película tan pagada de sí misma que no es capaz de darse cuenta que su conclusión, con Batman huyendo a toda prisa con una enorme bomba de tebeo a cuestas recuerda demasiado al ya citado e hilarante gag de la bomba del Batman de los sesenta.

El resultado no es exactamente una mala película, solo un callejón sin salida a la que un héroe tan versátil como Batman no debería verse abocado

Y si el Joker de Ledger daba consistencia a los flecos que quedaban sueltos en El Caballero Oscuro, otorgando incluso de motivación y drama a los movimientos de Batman, en La Leyenda Renace Bane tiene el efecto justo contrario: el exceso interpretativo de Tom Hardy lo convierte en una caricatura que encaja más con los villanos de las pelis de Schumacher (solo que aquellos eran conscientes del entorno en el que se movían).

Aunque lo peor de la función es sin duda el propio Bale, que si en anteriores películas ya estaba en la eterna cuerda floja entre la gravedad y la risión, aquí se lanza ya en plancha a la voz de acosador sexual telefónico, que no hace sino subrayar la comedia involuntaria en la que Nolan acaba convirtiendo la franquicia. El resultado no es exactamente una mala película, solo un callejón sin salida a la que un héroe tan versátil como Batman no debería verse abocado.

Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia

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Si hay algo que deja claro ese maremagnum de confusión e ideas desnortadas que es El Amanecer de la Justicia es que Zack Snyder tiene severas dificultades para entender la naturaleza y comportamiento de los mitos superheroicos.

Ya lo demostró al hacerse cargo de El Hombre de Acero en 2013, con una de las películas de gente con capa más erróneas de la historia (sí, más que la última versión de Los Cuatro Fantásticos; más que Superman IV, la de la Cannon). Y se prolonga con Batman vs. Superman, que nos presenta a un Batman convertido en un sociópata que antepone su agenda de rencorcitos a cualquier otro código de comportamiento. Lo que sin duda nos da una interesante lectura de la actualidad sociopolítica estadounidense, pero no es exactamente lo que esperamos de Batman.

Si hay algo que deja claro ese maremagnum de confusión e ideas desnortadas es que Zack Snyder tiene severas dificultades para entender la naturaleza y comportamiento de los mitos superheroicos

Es cierto que Ben Affleck como el Hombre Murciélago ha sido de los aspectos más elogiados de la película de Snyder, pero no deja de ser una creación sub-Nolan con pocos detalles de identidad propia.

Veremos qué pasa con la película del héroe en solitario que-ya-no-dirigirá-Affleck, y si pondrá remedio a los grandes problemas de esta nueva versión (del reguero de cadáveres que va dejando a su paso a la nula atención a la faceta detectivesca del héroe), pero de momento un Batman emocional y que se mueve por impulsos ciegos está muy lejos del frío, reflexivo y humano justiciero que hemos visto hasta en las encarnaciones más paródicas del personaje.

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